sábado, 22 de octubre de 2016

Kind of blue

Miles Davis, durante las sesiones
de grabación de Kind of Blue
a Martín Medrano, que me presentó a Miles

después de comer, se tiende sobre la colcha, mientras la lluvia arrecia contra la persiana. deja caer la aguja y los compases iniciales de "So what" disipan toda sombra de olvido. Evans, Chambers y Cobb abren la senda al fuego ensimismado de Miles, mientras en su mente se suceden en vertiginosas idas y venidas fantasmas del deseo, el dolor o la incertidumbre, de los miedos dispersos y las pequeñas ruindades cotidianas, hoy tan crudamente contiguos al corazón, que amenazan con desgarrarlo para siempre.

melancolía. azul melancolía al desnudo. la mirada topa con el teléfono móvil. no hay mensajes. con el comienzo de "Blue in Green", una inesperada sensación de paz y alivio se apodera de la estancia.

sábado, 15 de octubre de 2016

onirocirco

ríe cuanto quieras, pierrot, pero no te cebes con 
                                                                   el payaso.
quién sabe quién se esconde tras su disfraz y la mueca dibujada en su rostro.
igual una principessa aletargada o un mendigo pterodáctilo; tal vez una rana enraizada o un crápula engatusado; o quizá algún amor enfisema o un amigo gorrón del pasado; o por qué no, algún ser tan desangelado y remiendo, como para poder pasar por
pierrot...

domingo, 9 de octubre de 2016

mirlo

Blackbird singing in the dead of night

te sorprende, a esa hora en que oscuridad y claridad se suceden bajo el filo incierto de un parpadeo (y tú, despojado de ti mismo, rebuscas en el ropero de tus personajes, coartadas y sueños en diferido de cada día), el trino absorto, ingrávido, bizarro de un mirlo solitario, elevándose como una revelación entre los adormilados patios interiores.

te inquieta y admira ese canto nunca antes oído en octubre. algo te dice, algo que trae consigo: el anuncio de un otoño a no dudar singular. mas ¿en qué sentido?

sábado, 1 de octubre de 2016

Elpénor

el joven se despereza sobre el voladizo al que se encaramó por la noche y, todavía aturdido por el vino, persigue con la mirada las cenizas aventadas de las naves del ayer. ha tenido un sueño extraño, quizá un mal presagio: un pigargo de plumas erizadas se abalanzaba sobre él y le arrojaba contra los remos, que lo partían en pedazos. todavía sudoroso, se palpa de arriba a abajo y respira tranquilo. da un paso atrás, tropieza con una teja, se desequilibra, pero consigue enderezar su cuerpo con presteza. se sonríe: ha burlado una muerte segura. no más Moiras, no más Hades, ni huesos roídos pudriéndose al sol; ni reproches a lo injusto y cruel de la vida, o las tópicas apelaciones a la temeraria juventud.

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