miércoles, 6 de junio de 2012

"Un autorretrato" (por Eduardo Haro Ibars)

¡Curioso personaje este Rambó! Nadie le envía a Madrid para realizar el trabajo de campo previo a un artículo que estamos preparando sobre des(Esperanza) Aguirre, y no solo vuelve con el trabajo por hacer sino con unas ojeras de tres pares de leguas, un aliento desalentador incluso para un chapero principiante, y una especie de abismo negro à la big-bang, por toda explicación del particular lost week-end. Luego dirán que la villa y corte es una plaza de capa caída. ¡Ni con 100.000 Aguirres!

Aunque, más allá de este repunte de wild life bohemia de nuestro adolescente favorito (con el permiso de Telémaco), nos ha llamado la atención el curioso botín obtenido en la aventura, que no es otro que el volumen con la poesía completa de Eduardo Haro Ibars, el por tantos llamado "poeta de la Movida". Inquirido por el origen de tan venturoso trofeo, nuestro ínclito carolopolitano siguió bastante parco en su declaración, reducida a "un no sé qué que queda balbuciendo" del que pudimos entresacar: "la ...santería de uno".

¿Santería, sastrería o estantería? Cualquiera sabe con nuestro amigo, enfrascado desde entonces en una lectura tan voraz como impresionista de la obra del madrileño, que no respeta ni excusados ni periodos de sueño. Fruto de ella es este excepcional poema (autorretrato de un poeta, una ciudad, un deseo y una época, todo ello galopando desbocado por las mismas venas) que os ofrecemos hoy:

Para B.U.M., como de costumbre, aunque
                                                                                                                                                                     ahora esté en otras cosas.                                                                             
Cae la mano derecha avión perdido
se posa en gritos jóvenes y en árboles
de intensidad variable donde te encuentro viva
Mano izquierda en Madrid de madrugada
(el decorado es parte de mi cuerpo)
inventa con un gesto algo cansado
escaparates donde está tu sombra
vestida de tormenta y de semáforos
                              (A lo lejos
escucho acentos música de aquella

que nos acompañó cuando moríamos
perdidos en el día y sus fantasmas)

Ojos desgranan horas y misterios
perdidos en lo oscuro de su luz
intermitentes dicen algún nombre
algún recuerdo que bebimos juntos
(no hará mucho ¿has perdido
su cuerpo en tu desván? ¿o lo mantienes
en alcanfor y en vino diluido?)
Ojos tan fijos en tus cielos siempre
que romperán la escarcha
(sólo porque me aburro si no tiemblas conmigo)

El rostro entero es animal de noche
animado por ángulos tan bruscos
se diría que intenta hacerse ambiente
paisaje para ti lámina blanca
donde imprimir tus signos
El rostro es campo donde batallamos
cuando buscamos tiempo en el deseo
(¿Te acuerdas de esa calle? ¿de ese bar sin fronteras?
¿de ese muchacho al parecer alegre
que nos miraba fijo y que silbaba?)

Mi cuerpo es una historia de dragones
(te encuentro siempre en sus esquinas duras
y te pierdes a veces en mi noche)
Mi cuerpo es una máquina de juegos
infinito billar multiplicado
y en él quiero moverme muy despacio
hasta hacerlo tu mundo y tu sentido
(pero tú te hipnotizas y te alejas
y eres de pronto un barco sin sonrisas)

Casi no hay venas en mis brazos ¿sabes?
casi no hay avenidas de suicidio
Carreteras cortadas
callejones
sin salida aparente mis arterias
donde a veces te bañas y eres calma
y eres mensaje eléctrico de agujas
y eres voz verdadera de este mundo

Y no olvido mi sexo ese hormiguero
habitación de noche sin ventanas
Mi sexo guante de cazar esponjas
sexo escorpión que bebe lo que olvidas
allí en la cima oculta y tan difícil
donde los niños hacen los libros de hiedra y duro despertar
Ni mis piernas

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